miércoles, 3 de noviembre de 2010


Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima.
¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierto noches y noches? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad..
¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!